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¡Por la estrella, cuando declina!

Vuestro paisano no se extravía, ni se descarría.

No habla por propio impulso.

No es sino una revelación que se ha hecho.

Se la ha enseñado el muy poderoso,

fuerte, majestuoso,

mientras él estaba en lo más alto del horizonte.

Luego, se acercó y quedó suspendido en el aire,

estaba a dos medidas de arco o menos.

Reveló a Su siervo lo que reveló.

No ha mentido el corazón en lo que vio.

¿Disputaréis, pues, con él sobre lo que ve?

Ya le había visto descender en otra ocasión,

junto al azufaifo del confín,

junto al cual se encuentra el jardín de la Morada,

cuando el azufaifo estaba cubierto por aquello.

No se desvió la mirada. Y no erró.

Vio, ciertamente, parte de los signos tan grandes de su Señor.

Y ¿qué os parecen al-Lat, al-Uzza

y la otra, Manat, la tercera?