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El Grito les sorprendió merecidamente y les convertimos en detrito. ¡Atrás el pueblo impío!

Luego, después de ellos, suscitamos otras generaciones.

Ninguna comunidad puede adelantar ni retrasar su plazo.

Luego, mandamos a Nuestros enviados, uno tras otro. Siempre que venía un enviado a su comunidad, le desmentían. Hicimos que a unas generaciones les siguieran otras y las hicimos legendarias. ¡Atrás una gente que no cree!

Luego, enviamos Moisés y su hermano Aarón con Nuestros signos y con una autoridad manifiesta

a Faraón y a sus dignatarios, que fueron altivos. Eran gente arrogante.

Dijeron: «¿Vamos a creer a dos mortales como nosotros, mientras su pueblo nos sirve de esclavos?»

Les desmintieron y fueron hechos perecer.

Dimos a Moisés la Escritura. Quizás, así, fueran bien dirigidos.

Hicimos del hijo de María y de su madre un signo y les ofrecimos refugio en una colina tranquila y provista de agua viva.

«¡Enviados! ¡Comed de las cosas buenas y obrad bien! ¡Yo sé bien lo que hacéis!

Y ésta es vuestra comunidad. Es una sola comunidad. Y Yo soy vuestro Señor. ¡Temedme, pues!»

Pero se dividieron en sectas, con Escrituras, contento cada grupo con lo suyo.

Déjales por algún tiempo en su abismo.

¿Creen que, al proveerles de hacienda y de hijos varones,

estamos anticipándoles las cosas buenas? No, no se dan cuenta.

Los imbuidos del miedo de su Señor,

que creen en los signos de su Señor,

que no asocian a otros dioses a su Señor,

que dan lo que dan con corazón tembloroso, a la idea de que volverán a su Señor,